“Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaria para prepararles alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: -Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos? Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea”.

En el Evangelio de hoy encontramos a varios que: “sí, pero espera un poco”, “es que antes tengo que...” Maneras de vivir que no le interesan a Jesús, que no son compatibles con su camino. Cuando Jesús llama y ofrece su camino, pide con claridad romper con el pasado (deja que los muertos entierren a sus muertos). Los muertos son los que no tienen planes, los que no se mueven, los que se dejan llevar. Y suelen ir acompañados de los que siempre tienen que llorar, quejarse y lamentarse porque “ya nada tiene remedio”, porque ¡qué pena!, porque “todo está muy mal”, porque “y ahora qué hacemos...”, porque “antes las cosas eran mejores”...

Es tiempo de lanzarse adelante, hacia la meta, sin andar pendientes de lo que se queda atrás (el que pone la mano en el arado...). Mirar hacia adelante es tener expectativas, ilusiones, sueños, proyectos que merezcan la pena. No conformarse con lo ya conseguido...

Es disponibilidad para vivir en la inseguridad (las zorras tienen madriguera...), para ir donde haga falta, con quien haga falta, en el momento que sea... ¡Que nos salgamos del surco y no permitamos más que los bueyes sean los que nos marquen el camino, el tiempo y el cansancio!

A su modo nos lo decía hoy San Pablo: “estamos llamados a la libertad”. No podemos vivir a golpe de deseos (de lo que me apetece), de satisfacciones inmediatas (“vive el presente como puedas y no te comas la cabeza”), de “devorarnos” unos a otros para defender lo nuestro, sin metas, sin sueños.

Los que prefieren andar arando al remolque de la publicidad, de lo que dicen en las tertulias, de lo que han leído por cualquier sitio, o les ha contado no se quién (o les ha llegado por WhatsApp); los que encuentran 1.000 excusas y razones muy razonables para no lanzarse al camino con Jesús... ¡No valen para el reino de Dios!.

Que cada cual elija si prefiere andar entre bueyes, y en los mismos surcos... o prefiere las alas de la libertad de los hijos de Dios, para levantar vuelo y llegar a lo más Alto, donde nos espera Dios. Y eso empieza por responder sin excusas, con decisión y confianza la llamada de Jesús.